El porteo en la vida cotidiana: 5 ventajas del porteo “indoor”

 

Vivo en una casa con muchas escaleras. Esto supone ciertas incomodidades cuando tienes un bebé. El porteo nos ha salvado de cargar los brazos cuando vamos de una parte a otra de la casa. Por ejemplo, bajas con la ropa sucia a lavar y tienes los brazos llenos pero el bebé permanece dormidito a la espalda mientras haces tus tareas.

Lo mismo para cocinar, barrer, recoger la casa… Han sido muchas horas de siestas de mi bebé a la espalda mientras podía hacer cosas necesarias en el hogar.

Antes del porteo sufría de frecuentes lumbalgias y tras los años mi espalda se ha reforzado y no he tenido ninguna. Precisamente el pasado verano pasé dos meses de baja por una fractura en el pie, no porteé y me volvió la lumbalgia.

Si tuviera que contar las horas que he porteado, seguro que el saldo salía a favor de las horas de porteo dentro de casa, así que desde aquí os animo a probarlo, te da la libertad de tener a tu hijo vigilado estrechamente y poder hacer lo que necesites, además es un ejercicio para piernas y espalda que siempre viene bien.

¿Qué ventajas supone portear a tu bebé dentro de casa?

  1.   Te permite hacer las tareas de casa y mantener vigilado y contento a tu bebé. Muchas veces os quejamos de no poder hacer nada si tienes que cuidar a un bebé muchas horas. Y es bueno tener descanso si es lo que necesitas y que te apoyen en todo lo posible. Pero si ya te encuentras con fuerzas y ganas pero no puedes porque el bebé requiere vigilancia constante o es de los que la cuna les hace dormir menos de lo que desearías, el porteo puede ayudarte a moverte por tu casa mientras cuidas a tu bebé.
  2.   ¿Cocinar con tu bebé a la espalda? Es posible y yo he tenido agradables sesiones de cocinilla con mi nene dormido o despierto mirando todo. Solo tienes que guardar una serie de precauciones básicas: es mejor porteando a la espalda, delante tu visibilidad será limitada y solo podrás hacer cosas muy sencillas como zumo, accionar la batidora o cosas así (bueno, yo con mi thermomix hacia milagros, jejeje). No uses el fuego con un bebé delante, podría salpicarle aceite hirviendo o herirle el vapor. Incluso con el bebé detrás es mejor que no hagas cosas al fuego, aunque si no hay más remedio, evita freír o hacer cosas a la plancha que salten, mejor hervir o cocinar con ollas lentas bien tapadas. Toda precaución es poca, recuerda.
  3.   Las siestas del bebé puede que se alarguen. Esto nos pasaba a nosotros y conozco a muchas mamás que me cuentan experiencias parecidas. En la cuna duran X tiempo dormidos pero en cuanto hacen un microdespertar y ven que están solitos, te reclaman. Con el porteo si hacen estos despertares y se sienten sostenidos y en contacto con mamá, se duermen de nuevo casi sin darte cuenta.
  4.   Ejercicio. Parece que no, pero ir cargando un peso progresivamente hace que tu espalda y piernas se vayan reforzando. Aquí hay que tener una serie de precauciones importantes: en primer lugar, repasa todas las indicaciones sobre porteo seguro, además, hay que evitar coger grandes pesos, pues ya llevas una carga, hay que evitar ciertos movimientos bruscos, como giros repentinos del tronco o en diagonal, es más seguro hacer el movimiento despacio y controlando bien en todo momento. También es importante no olvidarse del bebé, especialmente si lo llevas a la espalda, no te olvides de que por muy enfrascados que estemos haciendo algo, llevas una carga en la espalda que debes vigilar y también debes descansar. Repasa cada rato la posición del bebé en el portabebé, si su cabecita está bien colocada, si tienes bien repartido el peso y no se ha movido nada…
  5.   Sensación de autonomía y recuperar la “normalidad”. Todos sabemos que las primeras semanas tras el nacimiento de un niño son muy especiales, estarás concentrada en tu bebé y en establecer una relación sólida de mutuo conocimiento. No estás para muchas más cosas que para cuidar y ser cuidada. Pero una vez pasa esta primera época, qué gusto dar sentir que eres capaz de hacer cosas sencillas como arreglar las plantas o cocinar esa sopa que solo a ti te sale tan rica.

Por último quería recalcar una idea. El porteo dentro de casa no solo es para mamás. Las parejas también se pueden beneficiar de ello, además si no han parido, en principio no tienen ninguna dificultad física añadida tras el nacimiento. Este ratito de contacto, de saber que también tú puedes calmar a tu bebé y ser un refugio seguro para él, será un tesoro para ti.

¡Ten cuidado con lo que el bebé puede agarrar mientras está en el portabebés!

¿Has porteado mucho dentro de casa? ¿Quieres compartir tu experiencia? Escríbeme en comentarios cómo lo vives o has vivido.

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Desayunos Enlazados: diario de una asesora en un grupo de apoyo

Comienzo el sábado bien tempranito. Me levanto con ilusión y bebo una infusión, lo justo para tomar fuerzas. No quiero comer nada pues hoy tenemos nueva sesión de Desayunos Enlazados.

Repaso la lista de ricos ingredientes para nuestro desayuno: infusiones ecológicas, pan de masa madre, nuestra tradicional trenza de azahar, mucha fruta y a veces incluso meto en la bolsa café ecológico, para alguna mami muy cafetera.

Repaso la lista de familias que vendrán a la cita: a muchas las conozco de otros meses, pero otras vienen por primera vez. Me pregunto cómo serán y si se sentirán como en casa.

Una vez llego al espacio, me pongo a colocar la comida, la bebida, los asientos. Me gusta que todo quede bonito, que se respire paz al entrar en la sala. La decoración ayuda mucho, así que no me cuesta trabajo. Si es invierno, enciendo la chimenea para aportar ese calor y olor especial que da el fuego.

Cuando todo está listo, siempre me siento unos minutos en soledad, justo antes de que empiecen a venir las familias. Procuro despojarme de mis preocupaciones y traer a este espacio y tiempo la presencia activa a mi mente.

¡Riiiing! La primera familia ya está aquí. Y a esta le siguen más o menos todas en pocos minutos. La algarabía de saludos, quitarse zapatos, abrigos, bebés en fulares o mochilas… ¡¡Empieza!!

¿Cómo rompemos el hielo? ¡Con una taza humeante y algo rico para picar! Y poco a poco, van los niños acomodándose al espacio y sus juguetes, y los adultos podemos ir haciendo nuestro espacio para conversar, desahogarnos, comprendernos… A veces viene una madre que casi no habla, pero con la mirada ya lo cuenta todo… una sonrisa, simplemente el estar ahí, ya sirve para recargar pilas, para sentir que no estamos solos y que todos pasamos por las mismas cosas.

Cuando el ambiente cambia sutilmente, porque más o menos todo el grupo se ha expresado, o porque ha surgido un tema común interesante que ya ha acabado, me toca a mí de nuevo. Cada mes me preparo un tema, sugerencia de las familias o idea mía porque creo que puede resultar de interés. No se trata de una charla extensa y completa, pues no hay espacio ni tiempo para ello. Se trata de una introducción, un planteamiento de preguntas, una puesta en común de experiencias… si a alguien le llega un tema muy hondo, se envía bibliografía y recursos para ampliar. Este año hemos abordado temas como: el sueño infantil; el movimiento libre, de Pikler; el cultivo de la presencia activa; el ciclo menstrual; cómo atraer la Naturaleza a nuestras vidas y la de nuestros hijos; el porteo…

Poco a poco, concluye el tema y vamos cerrando la sesión. Es el momento de las despedidas apresuradas de aquellas familias que tienen al peque muy cansadito, de las largas charlas de despedida, de asesorías individuales rápidas de porteo, y de recoger, ¡por supuesto!

Cansada, no físicamente aunque sí mentalmente, vuelvo a casa y voy saboreando todo lo aprendido en la sesión. Me siento enriquecida y agradecida por la oportunidad de compartir espacio y tiempo con mis “familias desayuneras”.

Volvemos en septiembre con una nueva sesión. Hasta entonces, un gran abrazo.

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Ser madre de un niño que se educa en la naturaleza

Este mes, colaboro con el blog de La Casita de la Dehesa, proyecto de educación en la naturaleza al que acude mi hijo.

 

Os cuento mi experiencia aquí

 

 

 

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Frases bienintencionadas que se oyen en infertilidad

Quería hablar sobre un aspecto muy concreto de los procesos de infertilidad. Se trata de las frases bienintencionadas que oímos en el proceso de búsqueda.

Cuando vives una situación de infertilidad en pareja, puedes pasar por varias fases. Primero buscas por un período de tiempo dependiendo de la edad y las circunstancias. En este período o bien lo intentas sin pensar en nada o bien pruebas con el control de la fertilidad a través de test de ovulación, control de la temperatura basal, etc. Después de este período, cada pareja decide qué pasos dar (técnicas de reproducción asistida, adopción, abandonar la búsqueda…).  Aunque enfoco el artículo al caso de la infertilidad en pareja, en el proceso de búsqueda si quieres ser madre soltera por elección (MSPE), si eres pareja de mujeres, etc, se viven otras fases, pero también, si se topan en un momento con la infertilidad, pueden ser objeto de algunas de estas frases que comento.

Período de gracia: bombardeo de comentarios

En el primer período de búsqueda de hijos, llega un punto en el que la pareja se plantea: no vienen los hijos, y los hemos buscado. Y a lo mejor se han ido de viaje, se han hecho sesiones de meditación, relajación, acupuntura, dieta naturista, etc. y no se han quedado. Y este es el período al que yo le llamo “período de gracia”. En esta época se reciben muchísimos comentarios tipo, ¿y vosotros para cuándo? ¿y no vais a tener hijos? Es una época en la que los comentarios hacen daño porque, o bien la pareja disimula que realmente llevan un tiempo buscando y no se están quedando, o bien cuenta la verdad, exponiéndose. Lo que realmente quieren es que pasen esos comentarios y les dejen vivir su vida, su proceso.

Período de silencio incómodo: miradas de circunstancias

Tras ese período de gracia, llega una época que casi es peor, el período de “silencio incómodo”. La gente ya no te pregunta, cuando antes sí lo hacía. Ahora hay miradas de pena, silencios expresivos, caras de circunstancias, ya no hay bromas y chascarrillos en torno a la parejita que no tiene niños. Parece que empiezan a pensar “uy uy uy, a ver si van a tener problemas…” Y vienen las caras de circunstancias y las frases soltadas “como quién no quiere la cosa” más o menos así: “pues yo tengo una amiga que estuvo buscando X tiempo y después hizo X y por sorpresa, se quedó”, “Fulanita se fue de viaje y volvió embarazada”. No se han pedido estos casos o experiencias, pero se reciben igual.

El sentido de las frases más repetidas es “lo que tienes que hacer es relajarte”.

Concepto de preocupación cuando hay problemas de infertilidad

La madre que está sufriendo un proceso en el que el bebé deseado no llega no solo tiene que lidiar con la montaña rusa de emociones que supone cada mes las esperanzas, los síntomas imaginarios y reales y las frustraciones. También recibe con los comentarios bienintencionados de la gente y la falta de empatía escuchando cosas como “tranquila, si ya vendrán” “tranquila, de todas maneras hay mucha gente que vive muy bien sin niños”.

El problema aquí es que si una mujer quiere ser madre, está ocupada y preocupada en serlo. En cuerpo y alma. Y si el período de búsqueda se alarga, esta preocupación y “ocupación” en el tema se intensifica.  No es algo de lo que uno se pueda desprender con facilidad. Existe un símil fácil de entender: si estás en paro y quieres tener trabajo, te preparas y envías tus curriculum por todo el mundo, cuando te salen entrevistas, estás ansiosa y nerviosa para que salgan bien y nunca te cogen. Imagina que te dicen: no te cogen en los trabajos porque estás demasiado nerviosa en las entrevistas, relájate y te cogerán. Olvídate de que necesitas el trabajo y te cogerán. ¿No sería un poco complicado relajarse?

¿Qué podemos hacer para llevar mejor un proceso de infertilidad?

  1. Traza un plan con tu pareja. Hablad de qué pasos vais a seguir, ponerlos en un calendario, dando un tiempo para cada paso. Llegad hasta el final, incluso hasta la opción de no tener hijos por vía embarazo, ni por vía adopción si la contempláis, pensad en cómo serían vuestras vidas si finalmente no podéis tener hijos, cuáles son las opciones de felicidad que existen para vosotros.
  2. Evita el estrés. No es cuestión de “relájate y te quedarás”, pero el estrés es negativo en la salud, y también en la reproductiva. Tener un plan trazado y seguir una hoja de ruta ayuda a serenarnos en el mundo de la inseguridad en el que nos movemos en infertilidad pero también hay otras herramientas: practicar la presencia activa, meditar, hacer deporte, evadirse a veces, concentrarse otras veces, evitar los pensamientos recurrentes que no ayudan…
  3. Busca apoyo. No estás sola, busca a alguien que te apoye y con quien puedas compartir tu proceso.

¿Qué puedes hacer para ayudar a alguien en proceso de infertilidad?

  1. Acompañamiento: Pregúntale qué necesita, qué le viene bien. No todo el mundo quiere que le pregunten sobre el tema, ni hablar de ello, hay quien prefiere que sea un proceso muy íntimo. Ir a tomar un café, ver una peli, cualquier actividad que saque a la persona de su monotema le puede ayudar.
  2.  Empatía: Un simple, “siento mucho lo que estás pasando”, sin nada más, es mucho mejor que rellenar el silencio con palabras vacías o con historias de otras personas.
  3. Evitar soluciones mágicas: cada persona debe encontrar su camino. Con estar ahí para esta persona, ya le estás haciendo un regalo.
  4. Se “esa” persona. Esa persona con la que quien sufre de infertilidad puede relajarse sin temor a ser herida con comentarios bienintencionados pero dañinos. Muchas veces una mujer infértil no se apoya por temor a verse muy expuesta y causarse más daño. Necesita relajarse con tu compañía calmada, empática y segura.

Para poder acompañar la infertilidad, se una línea de vida a la que la persona pueda recurrir si es necesario. Si eres una “escaladora de la infertilidad”, es bueno que sepas que existen líneas de vida que te van a ayudar en tu aventura.

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Miedo al fular o el gusto por el café

Cómo, a veces, tenemos prejuicios y miedos que con información pueden cambiar.

 

“Detrás de un prejuicio se esconden el miedo y la ignorancia”, Ryszard Kapuscinski

Hace muchos años, cuando olía por las mañanas el café que mi madre se hacía, me parecía que desprendía un olor delicioso. Pero eso sí, las pocas veces que lo probé de pequeña, me pareció un brebaje amargo y poco apetecible para comenzar la mañana. Me parecía una bebida de olor agradable y sabor desagradable. Unos años después, volví a probarlo calmadamente, primero con un poco de leche y azúcar, luego prescindiendo poco a poco de aderezos y fui aprendiendo a amar su sabor.

Hace muchos menos años, cuando veía una mamá porteando en un fular, me parecía una imagen preciosa. Me encantaban los colores de las telas, los diferentes nudos y cómo solía ir el bebé de a gustito. Sin embargo, cuando fui mamá, al principio ni siquiera quise probar un fular, pues pensaba que iba a ser algo muy complicado de colocar correctamente y que era un portabebés para expertas.

“El contagio de los prejuicios hace creer muchas veces en la dificultad de las cosas que no tienen nada de difíciles”. Pío Baroja.

En ambas anécdotas hay un punto en común: café y fular me atraían antes de probarlos. Y en ambas hubo el mismo proceso: al principio tuve que adaptarme, aprender a amar y aprender qué es lo que mejor se adaptaba a mi cuerpo (leche, azúcar, un determinado nudo, un determinado tipo de tejido)…

¿Qué es lo que te puede frenar para poder probar nuevas cosas en el mundo del porteo?

Una barrera importante es el miedo. Miedo a no saber colocarte el portabebés en cuestión, a colocarlo de manera insegura, a hacerte daño o al bebé, a ir arrastrando metros y metros de tela por el mundo…

¿Cómo podemos combatir estos miedos?

Creo que lo primero es tener toda la información posible, a ser posible adaptada a tus necesidades. Y en segundo lugar, probar y probar y probar. Recuerda mi café…. ¡de niña lo odiaba y ahora me parece delicioso! Al probar diferentes tipos de portabebés, o incluso dentro de un mismo portabebés, por ejemplo un fular, diferentes tallas, nudos, tejidos, podrás tomar una decisión informada, libre de prejuicios y sin miedo a equivocarte.

Así que, si te atrae portear a tu bebé con un determinado tipo de portabebés pero no te atreves por si no es para ti, te recomiendo que no te quedes con las ganas, infórmate, prueba, asesórate y ¡disfruta!

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Historia del parto de mi hijo Nicolás

Me apetecía contar el nacimiento de mi hijo Nicolás. Así fue cómo lo viví y lo he escrito casi tres años después, pero los recuerdos de estos momentos son muy vívidos.

Amanecí un día 18 de julio con mucha serenidad. Nada hacía pensar que ese sería el día de mi parto. Ya tenía una enorme barriga y estaba en la semana 41+6. Al día siguiente cumplía mis 42 semanas de gestación y ya había empezado a pensar en una posible inducción.

No recuerdo bien qué hice ese día pero estoy 100% segura de que me desperté tarde, comí tranquila y eché una larga siesta. A la “fresquita” de un 18 de julio, vino mi marido a “obligarme” a salir a pasear. Me sentía súper pesada estos días pero no sin queja, me moví camino a La Dehesa de la Villa, nuestro parque de cabecera.

Antes de llegar al parque hay que subir una calle con una cuesta tremenda, era divertido ver cómo mi chico me empujaba por los riñones para ayudarme a hacer más fácil la subida.

Entramos en el parque, empezamos a caminar y al cuarto banco que pasamos le dije que no podía más, que me tenía que sentar. Estaba agotada. Y en ese momento… Sentí que un montón de líquido salía de mi. ¡¡¡Increíble!! ¡¡¡Qué alegría!! Había roto aguas y tenían el inconfundible olor de la vida pura. El agua salía con bastante velocidad y mi chico se tuvo que quitar la camiseta a modo de híper compresa para mí. Eran las nueve y media de la noche.

                                                                                                                                                        En este banco rompí aguas. En la foto mi bebé tenía 9 días.

22:00– Ya en casa, las contracciones empezaron a arrancar. Eran dolorosas pero las primeras las llevé con mucha ilusión. Las encajaba de pie, balanceando la pelvis apoyada en los hombros de mi marido, reclinada hacia adelante y apoyada en una cómoda o sentada en la pelota de pilates mientras mi marido se sentaba detrás de mí para poderme recostar sobre él tras la contracción.

23:30– Empezamos a contabilizar las contracciones cada 8 minutos. La frecuencia era bastante regular y aunque dolorosas, las iba llevando bien. Era muy curioso que entre contracciones estaba muy bien. Decidimos llamar a la ginecóloga y nos pidió que cuando fueran cada cinco minutos nos fuéramos para el Hospital.

00:00– La cosa se empezaba a poner “interesante” y decidí darme una ducha y aprovechar para depilarme un poco, jejeje.

00:30– Mientras mi marido iba por toda la casa cerrándola y preparando todo para dejar a nuestra gatita sola, yo iba pasando las contracciones. Cuando me venía una, mi chico corría para ayudarme a recibirla. Con él las pasaba mucho mejor. Fue un buen acompañante.

01:00– Decidimos ir ya al hospital, pues las contracciones eran cada cinco minutos. Llamamos al taxi y en 13 minutos estábamos entrando en el ala de ginecología. Habíamos contratado una sala especial para parto natural, decorada como una casa, con una amplia bañera y todo lo necesario para tener el ambiente íntimo que favorece el parto, pero dentro de un hospital con todos los recursos a nuestro alcance.

01:30– Tras acomodarnos, ni se me hizo un tacto, ni se me puso vía y me dejaron tranquila dilatando con mi chico. Empezamos a coger un buen ritmo de contracciones, me sentía poderosa.

Encajando una contracción, ya en el hospital.

2:30- Me propusieron meterme en la bañera con agua calentita para aliviar el dolor. Así lo hice y el alivio y relax fue inmediato, ¡qué gustazo! Aunque al ratito me empezaron a venir unas contracciones súper dolorosas que, bajo el agua, no conseguía encontrar la postura para encajar. Me di cuenta que el agua aceleraba la dilatación muchísimo. De repente me entró miedo del momento del expulsivo. Al llevar un bebe tan enorme, ¿podría con aquello? Decidí ponerme la epidural a dosis bajas, me habían dicho que en este hospital se podía poner así.

3:00- El ambiente íntimo en la habitación había cambiado. Las anestesistas hicieron caso omiso de lo de la dosis baja y, aunque al principio podía sentir las piernas y moverlas bien, era que estaba comenzando el efecto y a la hora ya estaba muy anestesiada. La matrona pidió bajar la dosis… A esta hora, a las 3:00, justo tras ponerme la epidural, la matrona comprobó mediante mi primer tacto que todo mi trabajo desde las 22:00 había surtido efecto pues estaba de 8 centímetros. Me senté en una posición parecida a la siddhasana, relajada y sin dolores. En la penumbra, oía el latido de mi bebé y la música.

4:00- Las cuatro de la mañana y ya estoy en completa. Aunque las contracciones bajan un poco el ritmo por el efecto de la epidural. Me ponen una dosis baja de oxitocina.

5:30- Llega mi ginecóloga: comprueba que sigo en completa pero mi bebé está muy alto. Yo estoy sentada, muy erguida para ayudar a que descienda. Intentamos varias posturas más, como de lado. Yo estoy relajada pero me empiezo a inquietar de estar en completa y no parir. En mi cabeza la epidural en los últimos centímetros de dilatación y expulsión me parecían buena idea…pero ahora dudaba de si había sido una decisión que ralentizarse el parto.

6:30- La ginecóloga me hace otro tacto y comprueba que la cabeza sigue encajada muy arriba y que no se mueve. Me propone hacer una prueba para ver si se movía un poco la cabeza al mover mi tripa, si así era el caso, me daría más tiempo. La matrona empujó suavemente hacia abajo en mi tripa y la ginecóloga me hizo mientras un tacto y nada de nada, aquello no se movía. Con mucha pena me dijo que debía ser cesárea, el bebé era demasiado grande y no pasaba por el canal del parto. Me puse a llorar pues no era para nada mi parto soñado, pero la ginecóloga me dijo que sería respetada, que estaría mi chico dentro del quirófano y que no habría separación entre mamá y bebé. Nos dejó un par de horas para descansar y hacernos a la idea, ya que el bebé estaba perfecto y la cesárea no era muy urgente.

9:30- Ya más serenos y con la ilusión de conocer al bebé por fin, nos empezaron a preparar el quirófano para la cesárea. El futuro papá vestido de quirófano y a mí me reforzaron la anestesia y me pincharon unas cuantas cosas más en el brazo. Pedí meter en el quirófano mi IPad con la lista de canciones que había elegido para mí parto y pedí silencio mientras operaban para que la llegada al mundo de Nicolás fuera lo más suave posible.

10:30- Comienza la cesárea y todo bien. Mi chico abrazando mi cabeza y mirándonos a los ojos. Me van diciendo lo que voy a ir sintiendo paso a paso, se oye la música elegida por mi, un momentazo.

11:00- Tras unos fuertes tirones y empujones, asomó tras la barrera de tela un enorme bebé arrugado y con cara de haber estado muy apretado muchas horas. El papá se quedó boquiabierto y el silencio total que pedí no se hizo (otro día me pidieron disculpas pero es que el bebé era tan grande que a todos les sorprendió. Aquello fue una ovación, jejeje).

Tras secarlo un poco me lo pusieron en mi pecho y estaba llorando, fueron mis primeras palabras como mamá “tranquilo cariño, estás con tu mamá, no llores, mi amor“. Pesaba muchísimo y era enorme: 4.700 gramos y 55 cm de altura.

12:00- Con toda la operación terminada, me colocaron al bebé a mi lado (sobre el pecho me asfixiaba, por lo que pesaba) y fuimos a la habitación, allí hicimos piel con piel y tomó teta por primera vez, sin problemas se enganchó desde el primer minuto y nunca hubo ningún problema con la lactancia.

La ginecóloga vino a decirnos que el bebé era muy grande y por eso había acabado en cesárea, que no tenía nada que ver con la epidural y que si teníamos otro bebé y pesaba 100 gramos menos, seguro que lo podía parir pero que este superaba todos los récords. Esta ginecóloga está especializada en parto natural y nos dio confianza, por esto sabemos que fue una cesárea justificada y la ejecución de la misma fue impecable y me sentí acompañada en todo momento.

Nos quedamos con la sensación de haber vivido una experiencia inolvidable, que, aunque acabó en cesárea ésta fue respetada y así iniciamos nuestro camino como padres.

Bienvenido al mundo, Nicolás.